Número 0.68

Una grieta en el corazón del reyno

Cesar Valencia, artista marika y transfronterizx del valle de Quillota, junto a sus tías Sandra, Pamela y Romina, en la ribera del rio Aconcagua. Primeras derivas a pasos de su casa en la Villa General Mackena, cuando el río no sufría aun la furia del extractivismo. Circa 1984.

Cesar Valencia, artista marika y transfronterizx del valle de Quillota, junto a sus tías Sandra, Pamela y Romina, en la ribera del rio Aconcagua.  Primeras derivas a pasos de su casa en la Villa General Mackena, cuando el río no sufría aun la furia del extractivismo. Circa 1984.

Jocelyn Muñoz Báez (Valparaíso) / Cesar Valencia (Santiago-Buenos Aires)

Lo que importa es estar viva 

salir de este desierto en llamas y entrar en el mediodía de la vida

abrir el mar que nos separa

escapar al cuerpo y volver un día 

con el sol en la frente 

es el mismo de otros tiempos el gesto de abandonar la tierra para caer al abismo de la memoria.

abrir el mapa y contemplar la guerra.

Debo enfrentar de nuevo a la mar
El mar ha cambiado de color
.
Veo sin temor la canoa negra esperando en la orilla.

Metaverba, primavera 2020

Variación de un poema de J. Teillier; Crónica del forastero (XXIII).

Sábados gigantes el mejor programa de la televisión chilena, sábado en la noche, nunca tuvimos un Lada, nunca pudimos, compramos el colectivo, se pagaron las cuotas y las peleas, nunca llegamos a fin de mes; alcohol en la calle, la plaza, en el río. La última vez que fuimos al río durante el día, el agua llegaba a mis rodillas, tenía 7 años y nos bañamos durante toda la tarde, hasta que el frío cubrió el valle y el sol se apagó entre los cerros. No recuerdo cuando se rompió el flujo que bajaba de la tierra; dijeron que el río era un lugar peligroso, un lugar donde se abandonan los cuerpos. En ese tiempo, el miedo viajaba por los ríos, se encontraba en el agua ¿te acuerdas del cólera?

Nunca más fuimos al río, ni hundimos la cabeza en ese olor a barro del fondo, nunca más comimos las moras que crecían en sus bordes, un abismo nos distanció de aquel paisaje, del tiempo en que era nuestra la posibilidad de perderse entre las piedras. Aún recuerdo la poza cristalina en la Cruz, fueron los últimos días del empleo mínimo para mi padre y los primeros años en que te fuiste. Una construcción de lo superficial y cínico en varios momentos, una cadena de valores en que la mercancía se vuelve exponencialmente movediza. Nuevos Valores: tres meses, precio contado, estilo, deudas. Ochentas en dictadura, después, los cuerpos en Pisagua, áridos de viento y de sal, ocultos en las fosas y exhibidos como resto arqueológicos del futuro, cómo memorias de una historia contada a través de Informe Especial; mirar la televisión interminablemente, para reír cuando todos están tristes, riendo solamente por reír. Incoherencia, silencio, fragmentación.

Para recordar, hay que volver a imaginar el presente, doble direccionalidad del tiempo, recordar es despertar de golpe en medio de un incendio, volver atrás el tiempo y cruzar la calle como un sujeto histórico en medio de la nada. Anterior al “sujeto”, a su crisis y a la representación del mundo, el suelo originario del valle del Aconcagua sacudía las piedras desde profundos volcanes, el agua de los ríos Petorca y La Ligua llegaba desde la altura andina y se interceptaba sin desvíos con el río Aconcagua, arrastraba el sedimento entre los cordones montañosos, alimentando los bordes y terrazas aluviales hasta llegar al mar. Hundirse en la tierra negra y roja del Aconcagua, descubrir pequeñas vetas arcillosas entre las raíces, recordar la humedad de la tierra es perder un poco el miedo a la muerte, todo es un enorme túmulo mortuorio, cómo el que encontramos en el jardín, el mismo que nos recordó el rito en las formas de vida, y la aparición de antiguos fantasmas del arte entre los complejos Bato, Llolleo, y más tarde Aconcagua; habitantes del curso medio e inferior del río Chile, hoy Aconcagua. 

En el curso medio del río Aconcagua, el descubrimiento y excavación a mediados de la década de 1950 del sitio arqueológico Estadio de Quillota, dio cuenta de la presencia difusa de distintas expresiones de grupos alfareros, conectados como un pulso con la tierra, en distintos momentos, escalas materiales y simbólicas; en estados difusos del pensamiento, con tecnologías vitales abiertas a sincretismos de alta intensidad y en reciprocidad p2p… 

Sin el misterio de la muerte, la vida es un suelo sin sustrato, un surco en el desierto. 

Cuando se observa detenidamente el pasado, nos plantamos sobre la tierra como una interrogante colectiva del presente. Este camino de conocimiento es un ejercicio para mirar de frente el monumento colonizador, sus relaciones de poder y su verdad abyecta. Mirar el complejo extractivista erigido sobre antiguas rutas de transferencia, ver, más allá de las chimeneas humeantes de Ventanas, el rostro de antiguos pescadores. Derivar. 

Se dice que lxs Changos flotaban como semillas entre los mares del desierto, desde Perú hasta Atacama- pero también más al sur-. En esa zona, el clima no permite la formación de nubes altas productoras de lluvias, sin embargo, toda la humedad que se crea progresivamente por las brisas marítimas, se estaciona a lo largo de la escarpada cordillera costera, creando un fenómeno climático característico en este litoral que se conoce como “camanchaca: una neblina muy densa que posibilita la presencia de ecosistemas costeros muy ricos y de gran biodiversidad; esa especial textura en la que habitaban hacía que las gentes les llamaran camanchacos o camanchangos; desde esa niebla bajaron pequeños grupos hasta alcanzar las costas centrales del Akunkawua. A la llegada de los españoles en 1536, un grupo de Changos habitaba en la zona de Papudo, allí, los españoles conocieron a Carande (cara grande), jefe de la tribu de Changos. A partir de ese choque, cientos de años de deriva con el mar, largos ciclos de transferencia y acumulación de saberes, experiencias y técnicas, se ve golpeado por la inmensa marea de la Historia. En esta ruptura, la fuerza devastadora de los procesos de dominación coloniales cambió el eje del mundo, como un salto al vacío que abrió nuevos mapas y rutas de acceso. Para el ojo capitalista cada cuerpo es un punto de acceso, una red encadenada de valor.

Todo el archivo es producido para cartografiar el cuerpo. Minería de información, la emoción codificada en qubits, la digitalización del mundo, su humanización totalitaria, el giro visual que ha territorializado las perspectivas, la fiebre de archivo y el big data. ¿Cuán profunda es la grieta? El despojo de nuestras armas, la disgregación del territorio, el vacío. 

El universo de significaciones, lo que puede o lo que debe ser visto, la multiplicidad de procesos que se resisten a la identificación, los regímenes escópicos que estallan y la siempre seductora pregunta de W.T Mitchell sobre ¿Qué quieren realmente las imágenes? Aparecen como fantasmas del caos, y decimos ¿Cuales son las subjetividades implicadas y, que implica el salto a esta interfaz mediatizada del presente? Toda la acumulación del mundo ha abierto un campo de resonancias múltiples sobre el deseo. Así como las semillas viajan sumergidas en el acuoso lecho del río, los memes que hoy compartimos serán la memoria replicante de nuestra mente futura. Allí donde el cuerpo marginal deviene puntos en tensión en la red de poder, que incluso pueden resultar “funcionales” al sistema dependiendo de cómo los dispositivos de control establezcan las nuevas condiciones de existencia, los memes mutualistas cargados de alteridades interrogarán el sentido y la direccionalidad del deseo. 

Y, sin embargo, estamos aquí hace siglos, hemos navegado estas costas que ahora son sólo fronteras, antes de este sueño negro el fuego era uno solo y el río era un lugar de encuentro.

Toda mi experiencia es tuya, construimos barricadas, tu balsa hecha de hechizo, tu nave para la fuga.

Como una bomba de uso cotidiano, el cuerpo habita tras una máscara/capucha/kollón que entiende que la pacificación es un simulacro, que la guerra en curso es totalitaria y que cada acción poética y política de sabotaje es necesariamente el resultado de fuerzas que le anteceden, ofensivas que se han nutrido del conocimiento ancestral que aún resuena en la cabeza y el corazón.  

Jocelyn Muñoz Báez

Se ha abierto una grieta en el corazón del reyno. El destino ya no es un final escrito sobre piedras. 

Ahora, nuestros pies soportan la tierra, y como una antigua estrella, atravesamos la noche.

Estamos aquí hace siglos, brotamos

MTVBA

Esta carta está en eco con:

Dé_Tour [etnografía y derivas]. Investigación expandida en territorio Aconcagua