Número 0.68

Bitácora de una cuarentena desbordada / Hortis studiorum – triangle, Hortis studiorum – rectangle

Colectiva Desbordes / Basak Tuna (Eindhoven) y Mateo Locci (Roma)

Mateo Locci y Basak Tuna, 2020

[Entre mayo y julio de 2020, confinadas en diferentes lugares del mundo, las integrantes del equipo editorial de Des-bordes, mantuvimos un diálogo semanal. A modo de editorial compartimos aquí el proceso de intercambios colectivos que dieron origen a este número 0.68 polifónico y epistolar]. 

Me gusta esta conversación aleatoria

que permite derivas impensadas

cuando parecía que nos quedábamos sin palabras 

Graciela Carnevale

Jueves 27 de mayo

Hoy es un día de tormenta en Buenos Aires.  La mayoría de las fronteras de la región  siguen cerradas. Volver desde Río de Janeiro a Buenos Aires, en el vuelo de repatriación de Aerolíneas argentinas, implica pasar por un hotel asignado por el gobierno donde se aisla a las personas llegadas desde el extranjero. Luego de una semana de confinamiento obligatorio en el hotel, las autoridades envían correos para evaluar la experiencia como si se tratara de una evaluación del servicio al cliente. En París, hay un proceso acelerado de desconfinamiento mientras que Madrid continúa con las fases; las lógicas son disímiles e incluso antagónicas. Desconfinamiento, fases, esas nuevas palabras que se han instalado en nuestro vocabulario, y nos recuerdan de qué manera el peligro del control pesa sobre nosotr+s; un control del Estado pero también de un+s sobre otr+s. La bio-necro política acechando como un lobo hambriento. 

Incluso en la virtualidad, se puede sentir el silencio incómodo de no saber cómo articular la experiencia frente a lo que está ocurriendo. El juego a veces ayuda a desbloquear la lengua, a agitar los dedos sobre el teclado. Comenzamos a lanzar las primeras palabras-imágenes, que comienzan a dar contornos a esa masa experiencial aún sin forma: 

Aire

Asfixia

Ventanas

Distancia

Respirar

Latir

Desconocidos

Hospitalidad

Dormir

Las ventanas comienzan a abrir historias. Alguien recuerda: frente a nuestra casa en Buenos Aires, vive una señora que siempre sale a la ventana y siempre nos vemos, pero no nos animamos a saludarnos, tal vez porque parece un intento de forzar o ficcionar una intimidad que no suele existir en la ciudad. El otro día cuando volvimos a verla nos preguntamos si no sería lindo saludarla. En Madrid, durante todo el primer mes de confinamiento, salir a la ventana fue juestamente la posibilidad de conocer a los vecinos. En Rosario, de un lado vemos el río que se está secando y desde el otro, la ciudad donde a la noche se aplaude, se pone música y personas bailan con linternas los fines de semana; las ventanas están iluminadas hasta tarde en la noche. 

¿Qué ventanas hemos abierto y cuáles hemos cerrado en estos tiempos de encierro? ¿Qué nos permiten respirar/mirar esas ventanas? Las ventanas son como una membrana entre el encierro y el afuera, son una imagen de los cierres y aperturas que hemos atravesado en este tiempo. Hay ventanas que cerramos porque hemos decidido no ser más partícipes  de ciertos paisajes. Hay ventanas íntimas, aquellas que abrimos para nosotrxs mismxs, quizás por primera vez; ventanas hacia el interior. A veces abrimos una ventana cuando necesitamos respirar otro aire, como un reclamo de nuestro derecho a respirar [1] con otr+s. Hemos visto fotos muy hermosas estos días de gente pasándose cosas de ventana a ventana. Son también espacios de comunicación y han sido habilitadas como espacios de protesta y solidaridad.

Las ventanas pueden ser también un espacio de desobediencia, pueden usarse como vía de escape, podemos abrirlas y usarlas para saltar hacia afuera.  

Parece que hay tantas ventanas como paisajes posibles. En Chile hay una ciudad que ha sido el paradigma de la contaminación de capitales industriales y que se llama Ventanas. Esa ciudad, fue parte de las llamadas «zonas de sacrificio» que padecen la voracidad extractivista y las luchas desde comunidades organizadas. El nombre Ventanas se debe al orificio dejado por el mar y el viento en las rocas de su extensa playa del mismo nombre. Antiguamente eran dos, las rocas con agujeros (de allí el plural del topónimo) que había junto a la costa, pero con el pasar del tiempo ha quedado solo una. La expansión de la pandemia en las villas miseria de Argentina, y de muchos países del mundo, nos recuerdan la brutal violencia de clase que convierte ciertas zonas de la ciudad en zonas de sacrificio.

Ante las nuevas formas de segregación y encierro, que trae consigo el confinamiento obligatorio y la bidimensionalidad de las pantallas, regresa la hospitalidad como pregunta: ¿cómo va a ser ahora dejar entrar al desconocido, en los múltiples sentidos, de escalas, de escenarios, en que podamos imaginar esa relación?

Necesitamos disputar nuevas ventanas desde donde pensar sentidos,  si nos quedamos con lo que los actuales gobiernos proponen, la hospitalidad desaparece. La criminalización de la solidaridad con el refugiado, en el contexto de los grandes flujos migratorios globales ya estaba presente antes de la pandemia en diferentes países. En Chile se han llegado a criminalizar las redes de abastecimiento y las ollas comunes con que se resuelve el hambre en un contexto de crisis que es sanitaria, pero también económica, política y social. A 7 meses de la revuelta del 18 de octubre de 2019 el gobierno chileno reprimió con policías y militares las primeras protestas de hambre en el contexto de pandemia y están criminalizando a l+s pobladores por no respetar la cuarentena. El mismo día de las protestas se proyectó en la torre del edificio de Telefónica, justo a un costado de la Plaza de la Dignidad, la palabra HAMBRE. Al día siguiente, el martes 19 de mayo cuando se proyectaba la palabra HUMANIDAD, aparecieron unos focos blancos, desde un camión especialmente habilitado y protegido por Carabineros, iluminando la zona de manera de hacer ilegibles los mensajes, en un inaceptable acto de censura. Censura de luz sobre luz. ¡Locura cyberpunk!

¿Dónde podemos encontrar bocanadas de aire fresco que nos sirvan para comenzar un inventario de cosas a transformar?

Las ventanas también permiten ver el paso del tiempo, incluso en la cárcel. Hemos visto a los movimientos de prisioneros que se manifestaban en las ventanas y los techos de las prisiones. Hay prisiones y prisiones, encierros y encierros. Cuando Rubén Naranjo estuvo en prisión a partir del rayo de luz que entraba desde la ventana de su celda, llenó de agua las bolsitas de celofán de los cigarrillos y creó un arco iris en su encierro. Las ventanas a veces producen reflejos en el interior. La relación de las ventanas con el arte, con el viaje, nos recuerda que la ventana, a diferencia de la puerta, nos invita a mirar, percibir, imaginar. Imaginar posibles. 

11 de junio, 2020

Las palabras y preguntas siguen ahí, haciendo su trabajo. Justo en estas semanas algunas de las palabras sobre las que estuvimos intercambiando, tomaron el espacio público con una dimensión que no habíamos convocado en nuestras conversaciones, como respirar y asfixia, por ejemplo. No se trata de ninguna manera de comparar dimensiones tan diferentes; se trata simplemente de compartir un pensamiento sobre la toma del espacio público de las palabras. Las últimas palabras de George Floyd, antes de ser asesinado por un policía de Minneapolis, fueron tomadas y reproducidas, no sólo en las manifestaciones de Lives Black Matter sino también en otras protestas. Su desgarrador “no puedo respirar”, se replicó en carteles de las manifestaciones en Francia, por ejemplo, donde se vivió una reactivación virulenta de marchas antirracistas relacionadas con sucesos locales. La asociación de Adama Traoré —joven que murió en manos de la policía en 2016 y que tiene a sus hermanas judicializadas por protestas—, lidera activamente y de manera ejemplar la contestación a un aparato de estado cuyas formas represivas articulan clase y raza. 

De la asfixia al cultivo. 

Hay algo que sucede entre las palabras cultivo y desconocidos. Muchas personas que conocemos se pusieron a «cultivar» durante la pandemia. Al comienzo, me generaba bastantes problemas, que de repente mucha gente se pusiera a germinar cosas y «descubrieran», obligadas por el confinamiento, que las semillas germinan. Pero luego, también era posible pensar en el «caldo de cultivo» de toda esta situación. Cultivar es también pensar en la atención, en términos de cuidados y saberes y una posibilidad de repensar la relación entre semilla y bosque; tal como pensar la relación entre isla y continente. 

En Madrid se ha expandido durante el confinamiento, el momento de aplausos a la sanidad pública. El primer mes que estaba allí, salía a la ventana a aplaudir, puntualmente, a las 20 horas. Salir a la ventana implica en este departamento, subirse a una silla porque las ventanas están en el techo. De repente, en ese acto cotidiano, comencé a conocer, a prestarle atención a mis vecin+s que eran (y son) totales desconocidos; nos saludábamos de ventana a ventana como les ha sucedido a muchos, en muchos lugares. Durante todo ese tiempo, no lograba dejar de preguntarme cómo sería esa gente con quien me saludaba tan afablemente; ¿qué pensarían sobre el presente? ¿cuáles serían sus posiciones políticas? Luego migré a París y de repente, sentí que, al faltar a ese encuentro cotidiano, les estaba traicionando. 

Por momentos parece que lo local y lo pequeño, las redes próximas, van cobrando otr+s sentid+s. Cómo cultivar la articulación entre lo local y lo pequeño con lo político. Luego de una época ultraglobalizada que implicó muchos desplazamientos, viajes, recorrer distancias (desde los flujos migratorios de refugiados, hasta los viajes de los sectores más privilegiados), este tiempo parece traer un contraste.eguramente genere otras formas de lazos entre los desconocidos más próximos, con todo lo bueno y, a la vez, complejo -como el microfascismo siempre latente- que puede tener. Tal vez comenzamos a experimentar otras formas de vivir la lejanía y la cercanía, lo conocido y desconocido en este tiempo, que nos fuerza a quedarnos en un lugar. 

Jueves 16 de julio 

Hace unos días Marcelo Expósito dio una charla en SOMA[2]. Entre otras cosas habló de estar abiertos para dialogar y crear condiciones para provocar mutaciones, incluso sobre nuestras propias convicciones. En este tiempo de tantas incertidumbres es importante escuchar y generar cruces entre distintos saberes. De tal manera de habilitar espacios para pensar en cuestiones que parecen desconectadas, pero que cuando ahondamos, pueden mostrarnos relaciones poco evidentes. Tal vez el texto de María Buenaventura, “Trabajo, alimento comunidad” [3], puede ayudarnos a mover ciertas certezas. 

Este tiempo nos ha permitido otra forma de poner en relación las cosas. Lo cierto es que ya el sólo hecho de poner en relación nos recuerda que ni nuestros saberes, ni nosotr+s mism+s somos islas. Ha circulado en estos días un texto escrito por una persona que trabaja en el sistema de salud [4], que recuerda que no somos islas sino montañas separadas por agua. El texto de Giles Deleuze que habla de las islas desiertas [5] menciona diferentes tipos de formaciones, algunas islas derivadas de masas continentales, y otras originarias, que brotan de erupciones submarinas, trayendo a la superficie un movimiento de las profundidades. Son imágenes del pliegue entre lo consciente y lo inconsciente, donde esa pequeña porción visible es lo que está consciente en un individuo o en lo social y toda la inmensidad sumergida sería lo inconsciente. 

El imaginario insular persigue fantásmáticamente algunos lugares, como Chile, que ha sido pensado como una isla de América Latina precisamente por estar rodeado de montañas. Esta imagen, que en realidad ha sido muy promovida por sectores de derecha, apela habitualmente al deseo de distinguirse del resto de la región. Sin embargo, también es necesario pensarlo al revés, desde la clave de lo que nos conecta, una cordillera que nos atraviesa, pero que no es más que la evidencia de una unión  

A propósito de las islas, con un grupo de amig+s, en Buenos Aires, hemos estado reuniendo cosas para enviar a travestis privadas de libertad, en su mayoría migrantes, detenidas aún sin condena por causas de microtráfico. De alguna manera, el tema de la cárcel, el encierro, y la necesidad de activar diálogos en torno a lo anticarcelario y anti represivo, nunca deja de ser necesario. Pero también, la pandemia vuelve a poner el foco sobre el abandono y nos lleva a sumar fuerzas para activar cosas en este tiempo de excepción, que podrían ser algo a mantener o cultivar como parte de nuestra cotidianeidad, en cualquier tiempo. Es decir, que estas formas de responder que van apareciendo no sean una excepción. Que no sean una isla. 

Una isla no es algo que está aislado, sino algo que emerge. De la misma manera las cárceles no están aisladas de la sociedad que somos y donde muchas veces emergen problemáticas que están en la sociedad toda. Entre las islas y los continentes hay conexiones profundas igual que entre las cárceles y las sociedades que las crean.

¿Cómo cultivamos la relación con la cárcel? ¿Una relación que permita cultivar vínculos entre el adentro y el afuera? Cultivar esas relaciones, con las emergencias indeseadas de nuestras sociedades, que nadie quiere mirar, tal vez nos puedan enseñar algo para este tiempo. 

Experiencias inspiradoras no nos faltan. Mi hermano desarrolla videojuegos y participa de un proyecto que consiste en recorrer distintos lugares del país para hacerlos circular, entre ellos un correccional de menores en Rosario. Entran con los videojuegos, muestran su proyecto pero también les proponen a los pibes incorporar los videojuegos que ellos hacen en un taller. Lo que los pibes habían programado adentro, sale del encierro para circular en fichines por otros lados. Se plantea allí un proceso de entrada y salida. Es una linda forma de pensar una relación, no solo el acto de entregar algo. 

En la Librería Proyección nos sumamos alguna vez a una lista de correos hace mucho tiempo de carteos con personas que están encarceladas. Se trata de sostener un vínculo epistolar permanente. En Estados Unidos hay circuitos anarquistas que están en esas redes desde hace años.  

La Paula cultiva una amistad por carta con uno de sus estudiantes que lo apresaron para la revuelta en Chile y al parecer su condena será larga. Paula le sigue dando clases, sus cartas y charlas son sobre eso, pero también sobre la cana y sobre la vida en la cárcel. 

Interrogar, desbordar las maneras del dar y del recibir, a propósito de perturbar nuestras convicciones, como señalábamos al comienzo. 

En nuestras primeras charlas había aparecido la cárcel.  En ese momento se habían levantado unas protestas en las cárceles en Argentina y Chile. En Argentina, se levantó un lienzo que decía: el silencio no es nuestro idioma.  

Motín en la cárcel de Devoto, Provincia de Buenos Aires, Fotos: Adrián Escandar – Thomas Khazki

Cuando empezamos a charlar, estaba todavía con la sensación corporal que había dejado la estadía en la habitación de un hotel aislado después de volver de Brasil. Todavía no logro ponerla en palabras. Había algo muy extraño en la imposición del tiempo, de la comida, que nos dejaran las cosas en la puerta y no ver gente. Estamos viviendo formas de confrontar la pandemia que reactivan la vieja alianza entre medicina y policía. Y el lenguaje carcelario se nos volvió cotidiano. 

Podríamos hacer un listado de todos los modos de nombrar a la yuta: 

Bigote

Botones

Cobani

Rati

Vigilante 

Gorra 

Transa

Camello

Yuta

Cana

Paco

Campanero

Sapo

Milico

En Colombia se usa el campanero; alguien que se para en una esquina a mirar y si viene la policía empieza a llamar a “Laura” y todos saben que viene la policía. Ha cambiado el nombre con los años, pero Laura es el más común. En Argentina se llama campana y en Chile….  

Ha sido fuerte el giro de hoy: cárceles y policías. Pero tenía que llegar en algún momento. La pandemia le ha otorgado un poder inédito a los aparatos represivos y a las farmacéuticas, cuyas consecuencias aun no alcanzamos a ver. La cuarentena es un modo de encierro donde la militarización y las policías —internas y externas— han estado muy presentes ¿Cómo desbordamos nuestras propias cárceles y el policía inconsciente que llevamos adentro? En Rosario prácticamente todos los contagios tienen su origen en contactos con Buenos Aires. Lo primero que surge, por un lado, es decir hay que cerrar la ciudad, o la provincia, y por el otro, que la cuarentena atenta contra libertades individuales. Tenemos que repensar que encierran esas respuestas. En Brasil los sectores pro-cuarentena son acusados por los negacionistas de estar introyectando el control. En Chile, donde la militarización en Santiago pero, también en el Wallmapu, ha sido brutal, al nuevo guanaco (carro lanza aguas) le pusieron Goliat, sin saberse la historia completa. En Argentina tenemos a Facundo desaparecido.  

Y al mismo tiempo, otras cosas suceden. Ayer mi madre me envió una foto: quitaron el muro que separaba su casa y la casa de la vecina y empezaron un huerto en común. Tirar abajo muros, tirar abajo años de muro inútil. No es abrir una puerta, sino tirar el muro completo. Porque la puerta sería el espacio ya designado. 

En el acto de tirar abajo el muro ya hay insurrección. 

4 de junio

Con las ventanas abiertas, vamos siguiendo también las diferentes situaciones translocales, la revuelta en USA, las manifestaciones antirracistas en Francia, en Inglaterra…. parece que el mundo vuelve a latir, se va abriendo un espacio de contraste fuerte entre el confinamiento y el incendio de las calles. En Chile las cosas están difíciles. Desde el comienzo de la llamada emergencia sanitaria hablamos de pandemia con terrorismo de Estado y día a día constatamos nuevas caras de lo que eso significa. La represión ha sido brutal y las protestas del hambre nos hacen sentir que volvemos a los 80, a la dictadura. Se están aprobando leyes para robustecer el sistema de inteligencia, mientras se intensifica la curva de contagio y la curva de desempleo, todo al mismo tiempo. En Argentina la situación también es compleja, pero se cubre con un discurso paternalista y de bienestar que hace muy difícil la crítica. En Buenos Aires se está dando el pico de contagios, pero la situación es distinta en las diferentes provincias. En Santa Fe está bastante tranquilo porque no ha habido nuevos casos, y eso implica que se está abriendo un poco el aislamiento, lentamente, salvo para l+s mayores. En Río de Janeiro la situación de confinamiento se vive en algunos barrios bajo la custodia de la milicia. 

Desde donde se la mire, la situación es muy grave. La pandemia parece estar  afirmando procesos que llevan a una exterminación de clase. A través de distintos caminos desde la destrucción de economías, la represión o la mayor exposición al contagio, definitivamente se manifiesta un desprecio por la vida de las clases más bajas. Hay algo que está comenzando a suceder ahora a propósito del llamado a la «nueva normalidad» y es algo así como una traslocación espacio-temporal. La pandemia nos ha confrontado a la experiencia singular de percibir diferentes temporalidades operando al mismo tiempo en diferentes regiones. De tal manera que, en un momento dado, hemos « visto el futuro »  en otros lados del planeta. Extrañamente, esos futuros se han vuelto a su vez pasado y futuro al mismo tiempo con respecto a otras regiones. Futuros en cuanto a los ciclos de la pandemia y futuros que estallan, como en revueltas de Estados Unidos o Chile o Francia. Esa experiencia de traslocación temporal, raramente ha sido tan claramente percibida de manera colectiva y planetaria desde, al menos, la instauración moderna del tiempo lineal hegemónico. 

#LANORMALIDADERAELPROBLEMA [3] es la consigna de la campaña que durante el tiempo de nuestro diálogo han impulsado la RedCSur junto con la Fundación de los Comunes y el Institute of Radical Imagination en diálogo con el Museo Reina Sofía. ¿Cómo aunar esfuerzos? ¿Cómo no dividir energías e intentar articular Des-bordes con la campaña, en lugar de comenzar un proceso totalmente aparte? Tiene sentido intentar, como horizonte, que las cosas se nutran entre sí, sobre todo porque hay muchas puertas —y ventanas— abiertas en la RedCSur. Pensamos el espacio de trabajo de Des-bordes como un resguardo frente a las exigencias del contexto para dar respuestas a diferentes velocidades. Entonces, ¿cómo articularnos sin perder potencia?, ¿cómo pensar conjuntamente desde una ecología de la acción, que no colabore a la dispersión de nuestras fuerzas y de nuestra atención? 

Quienes organizaron la campaña #LANORMALIDADERAELPROBLEMA [6] venían de diferentes agrupaciones y países. Como parte de un primer momento, en aquel proceso de trabajo, recurrieron a la escritura de cartas desde distintos puntos geográficos. Tal vez, desde Des-bordes podríamos retomar ese formato apelando a mensajes con diferentes registros y valores afectivos. Podríamos desbordar los tiempos de las cartas, pensar cartas entre distintos tiempos pasados/ presentes/futuros.

¿Cómo sería escribir desde nuestro presente, desde este presente, una carta a los Panteras Negras? ¿Cuáles son los diferentes presentes que habitamos? ¿Y si fueran ya futuros? ¿O bien, las Panteras Negras son nuestro futuro?

Una amiga, Manuela Zechner, realiza un proyecto – entrevistas de brincar de futuro e proyectarse al pasado-[7] que intenta recuperar la idea de que vivimos los futuros y pasados de tanta gente, e incluso, de nosotr+s mismos. Sí, lo de las cartas puede ser muy potente. Aquí, nos surge otra pregunta, ¿cómo potenciar también lo que ya hicimos en Des-bordes, que no se rompa una cierta continuidad? Después de la publicación de la revista a fines de 2019 el proceso quedó trunco porque no pudimos ni siquiera hacer una presentación-lanzamiento. Entonces, ¿cómo sumarnos a la campaña sin interrumpir el proceso que tenemos en curso? Este proceso que hemos abierto, para pensar en relación con palabras, con preguntas.

Una posibilidad es volver a contactar a algunos autores y preguntarles por esa “normalidad” que sus propios textos denunciaban ya en 2019, o por las diferentes formas de organizarse, de encontrarse con/en el territorio. En los textos de Des-bordes 0.6 hay mucho para pensar sobre lo que está pasando hoy, ahora. Podemos recontactar a l+s autor+s y proponerles que nos respondan en formato carta. 

Esa es una gran idea. Inteligencia colectiva andando.

El número anterior de Des-bordes despliega experiencias en América Latina y Europa del Este, remitiendo a una diversidad de contextos y temporalidades, que vale la pena poner en valor. Esto nos puede dar la posibilidad de volver a circular esos textos junto a las cartas, como una forma de hacer presente esas brechas y sobreposición de capas temporales. Podemos preguntar por la normalidad problemática y por los modos de responder a la normalidad. De alguna manera, actualiza la idea del arte correo, y del cultivo de redes transnacionales. A la vez, es un canal que abre Des-bordes hacia la campaña #LANORMALIDADERAELPROBLEMA. 

Una vez recibidas las primeras cartas, como modo de perpretar y expandir el diálogo, podemos convocar personalmente a artistas para que dialoguen con algunos textos. Según el modo en que resuene en nosotras cada carta y luego de un intercambio colectivo,  vamos convocando a un+ interlocutor+ en particular. Así deseamos abrir la posibilidad a un tiempo tentacular donde cada carta y sus resonancias puedan hablarle al presente, al pasado o al futuro. 

Notas

[1] Achille Mbembe, El derecho universal a la respiración, en: http://www.afribuku.com/derecho-universal-respiracion-covid19-mbembe/

[2] Marcelo Expósito, “Volvemos a desmaterializar” en Conversaciones a la distancia. Can We Think Social Justice Again?, SOMA Summer, 9 de julio 2020. Ver: https://www.youtube.com/watch?v=wZ2i4G0Ca9A

[3] María Buenaventura, “Trabajo, alimento comunidad” en  Soberanía Alimentaria dos puntos. Laboratorio de investigación y producción artística, Rosario, EL Levante, 2012

[4] Carolina Wajnerman, “No somos islas” en Lobosuelto, 1O de julio 2020. Ver: http://lobosuelto.com/no-somos-islas-carolina-wajnerman/

[5] Gilles Deleuze, “La isla desierta” en La isla desierta y otros textos. Textos y entrevistas (1953-1974), Valencia, Editorial Pre-textos, 2005.

[6] La campaña se realizó entre junio y septiembre de 2020. Las contribuciones a dicha campaña pueden verse en: https://www.instagram.com/normalitywastheproblem/

[7] Se trata del proyecto The Future Archive: https://thefuturearchiveblog.wordpress.com/about-2/