Ecologías de la acción Número 0.6

Mirada retrospectiva a un círculo vicioso

Por Jimena Andrade.

Una entrevista con Jaime León [1] para entender por qué en Colombia #NosEstanMatando

El pasado 4 de mayo del presente año, entraron a una finca en Santander de Quilichao (Cauca) unos hombres armados y con granadas, atentando en contra de la vida de varixs líderxs [2] de la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca-ACONC que se encontraban preparándose para una reunión con el Gobierno que sería el siguiente 8 de mayo en el marco de la Minga Nacional, y en donde debían acordarse las políticas y recursos estatales para beneficio de sus comunidades; entre ellxs se encontraba Francia Márquez, ganadora en 2018 al premio Goldman, considerado como el Nobel del medio ambiente. Francia ha luchado en contra del racismo estructural, ha defendido los ecosistemas de su región y ha denunciado el impacto ambiental de la minería y el extractivismo en su territorio. Su voz, es la voz de las mujeres y hombres que han luchado por defender la tierra. Hoy podemos alegrarnos porque ella y sus compañerxs están entre nosotrxs todavía. Ellxs están vivxs. Pero podrían ser otrxs más de lxs miles que han asesinado en Colombia por lo mismo que hace Francia, por defender sus derechos y los derechos de sus comunidades. En Colombia nos están matando. Esto no  comenzó ahora… pasa desde hace muchos años y de forma sistemática [3] y en la absoluta impunidad. La guerra irregular tiene una forma muy efectiva para apoderarse de los territorios en puntos estratégicos: silenciar a líderxs, asesinándolxs, para así impedir que resuelvan sus demandas colectivas.

Puerto Esperanza. El Castillo. Meta. Peregrinación de la memoria 2017. Conmemoración al asesinato de Lucero Henao.

Después de la firma del acuerdo de paz se dispara escandalosamente la cifra de asesinatos a líderxs sociales y defensorxs de DDH (a quienes ahora se le suman ex-combatientes). Diana Sánchez, coordinadora del programa Somos Defensores [4], dice que en el Acuerdo de paz entre el Estado y las FARC se logró un conjunto de normas, de instrumentos jurídicos y políticos e instancias de coordinación para dejar ese estadio de la protección física y construir garantías de seguridad para los liderazgos sociales en los territorios. Para ella, poner a marchar esos instrumentos era una ruta importante para generar garantías, en lugar de gastar sumas cuantiosas de dinero en esquemas de seguridad a las personas, que en última instancia, no resuelven el problema sino que lo prolongan. Actualmente, el gobierno Duque lanza el PAO (Plan de Acción Oportuna de Prevención y Protección para los Defensores de Derechos Humanos, Líderes Sociales, Comunales y Periodistas), pero esto es un retroceso en la protección de líderxs sociales, pues desconoce todo lo que se trabajó en materia de construir garantías en los territorios y seguridad humana y regresa el debate a construir planes de protección física, material y lo peor, militar. 

Santuario a la memoria de las Víctimas Medellín del Ariari. El Castillo. Meta. Peregrinación de la memoria 2017.

Jaime León, defensor de derechos humanos y educador popular relata que en el año 1995 comenzaron a acoger a líderxs sociales en las casas de las comunidades religiosas, ligadas a la teología de la liberación. Algunos misioneros Claretianos abrieron sus seminarios para esto, sobre todo en la segunda mitad de la década de los 90, época de fuerte desplazamiento de personas producto de las masacres. Se fundó la Casa de Acogida a líderxs en condición de amenaza, de la CCNPB (Corporación Claretiana Norman Pérez Bello) y hasta hoy, esta labor no ha cesado; allí se les brindan meses de acompañamiento para que hagan sus gestiones para salir del país o para retornar; llegan recomendadxs por organizaciones sociales de confianza, por otrxs líderes que conocen ellxs y que vienen de procesos de defensa del territorio de sus comunidades o defensa de derechos de mujeres, hombres, lgbti o afrosdescendientes. A la Casa de Acogida no van casi líderxs de alta dirigencia, la mayoría son líderxs populares. Desde esa época hasta hoy, han acogido a más de 1.000 líderxs sociales amenazadxs de muerte.

Marcha del 26 de Julio, en protesta por el asesinato sistemático a Líderxs sociales, defensorxs de DDHH y excombatientes. Bogotá, 2019.

Jimena Andrade (JA): ¿Por qué inician con la Casa de Acogida?

Jaime León (JL): En el cambio de siglo hubo una estrategia macabra de vaciamiento de los territorios, porque son tierras muy ricas, tierras que además, estaban pobladas por comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas que habían ido creciendo en su número después de la exclusión histórica a la que las ha sometido la élite de este país. El Estado los deja a la deriva pero ellxs abren monte, selva, ríos, caminos, cultivan, van a esas zonas a vivir, a construir sus mundos, su cultura. Las comunidades afro después del final de sus procesos de liberación ya eran ancestrales en esas tierras, lxs indígenas que fueron aisladxs y excluidxs, fueron creciendo en su población, organizando sus culturas, sus formas propias de gobierno, teniendo autonomía, soberanía alimentaria y soberanía sobre sus tierras. Pero después viene el Estado a verlos como peligrosxs y simplemente los neutraliza y los controla usando la fuerza, la violencia y los desplazan con estrategias perversas de acción y omisión, utilizando el paramilitarismo para vaciar los territorios mediante masacres y para coparlos, pues las regiones quedaron vacías.   Posteriormente otros poseedores, grandes empresarios, se quedan con las tierras para cultivos extensivos y proyectos extractivistas

En ese cambio de siglo, comunidades de Cacarica, San José de Apartadó y Turbo, fueron desplazadas masivamente huyendo de las masacres, de ejecuciones extrajudiciales, de desapariciones forzadas, de detenciones arbitrarias; el terror se implanta por todos los medios; fumigaciones con glifosato a los cultivos llamados ilícitos y erradicación forzada; muchos campesinxs, afrodescendientes y comunidades indígenas no pudieron volver nunca a sus regiones y se quedaron desplazadxs. Es una de las estrategias de la extrema derecha, que en Colombia siempre ha tenido esa forma de actuar; de ahí vienen las masacres, las desapariciones, y las ejecuciones, esto obedece a políticas internacionales de extractivismo y de control de la soberanía de nuestro país, que no depende solamente de nuestro gobierno interno, sino que depende de los intereses económicos de las potencias mundiales norteamericanas y europeas. De ahí viene todo ese proceso de vaciamiento y de asesinatos. A los pobres se les mata, a las comunidades se les asesina, se les desaparece para que abandonen su territorio y para que cedan ante el poder de la fuerza y el terror. En esos años, el desplazamiento y el asesinato a líderxs fue muy fuerte; todavía quedaban líderes políticos de la UP [5] (en esa década, fue la última fase del exterminio de la UP) y del partido comunista, que fueron asesinados después. En la Casa de Acogida alojamos a muchos líderes de la UP pero fueron asesinados luego de que volvieran a sus regiones. 

JA: En este contexto político aparece la Casa de Acogida, como acción urgente para salvar las vidas de las personas que desde entonces han estado amenazadas; la Casa no sólo se piensa como un lugar donde pernoctar, es un espacio  donde se brindan condiciones para seguir sus luchas, se dignifica su historia, y se plantean posibilidades para un futuro digno.

En diciembre de 2014, después del cese al fuego declarado por las FARC-EP, se exacerba el asesinato a lxs líderxs sociales, sobre todo, en los lugares donde hubo siempre presencia de las FARC y de otros grupos armados. Los asesinatos son muy elevados incluso antes de los diálogos de paz cuando ya había demandas de Restitución de tierras de víctimas del conflicto armado, y lxs líderxs comenzaron a ser asesinados por procesos de consolidación de tierras despojadas. 

JA: ¿Cómo puedes relacionar la violencia de esos años, los asesinatos y desplazamientos, con lo que está pasando ahora?

JL: Esta situación no pasó sólo a finales 90 sino desde los años 20, 30… es una repetición de la historia, pues nuestras élites, egoístas poderosas y mezquinas insisten en controlar, ejercer gobierno y poder de esta forma tan perversa, permitiendo el desequilibrio, la creación de grupos armados de ultraderecha que dominan las resistencias de las comunidades. Es muy parecido el asesinato de lxs campesinxs en los 40, los 90, el 2000 y actualmente. Lo que pasa ahora se parece a los asesinatos a lxs líderes Gaitanistas a quienes mataban antes del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948 [6], se parece también a los asesinatos a los sindicalistas en la década de los 40, y también a campesinos que buscaban la tierra y a los asesinatos a líderxs de tierras en todo el país, en Sumapaz, Tolima Santander, Antioquia. Asesinaron a muchos campesinos que buscaban la reforma agraria después de los gobiernos liberales en los años 30 y 40 y donde había una política extractivista en el país: extraer los minerales y exportarlos. Hubo sindicatos y campesinos que exigían mejores condiciones laborales, de tierra y fueron exterminados; por algo surge el Gaitanismo y los sectores populares apoyaron tanto a Gaitán; por eso cuando matan a Gaitán, quien era el líder que tenía posibilidades de representación, lxs campesinxs se encuentran sin estas posibilidades y se arman en las guerrillas de los años 50; es una reacción legítima y natural en ese momento, después de que matan a muchos líderes campesinos, sindicalistas, estudiantes, intelectuales; pues después de intentarlo por la vía pacífica y democrática, asesinan a su máxima expresión, ellxs se arman en las regiones pensando que no hay nada más que hacer. Son guerrillas campesinas que tienen una formación muy natural en sus contextos, muchxs de ellxs hasta habían sido soldados del ejército mismo, y sabían algunas técnicas militares; las técnicas políticas las aprenden en las necesidades que ellxs tienen, en la exclusión, en un contexto totalmente legítimo de reaccionar a unos gobiernos conservadores (como el de Lauereano Gómez 1950 – 51)), muy represivos, que les quitó toda posibilidad de tener tierras y mejores condiciones laborales. Les matan su candidato a la presidencia y por eso muchxs líderxs campesinxs de los 50 conforman guerrillas, lo que en Colombia se llama “la época de la violencia”, que es una expresión, que para mí, es un pico de violencia que ya venía antes; uno podría preguntarse ¿violencia de qué? Pues violencia del establecimiento en contra de campesinxs, principalmente de líderxs, de sindicatos y líderes de universidades; por eso el ejército colombiano y la policía de ese momento es supremamente represiva, porque quiere eliminar lo que se venía construyendo desde los años 20, con el Gaitanismo y muchos sectores socialistas que iban multiplicándose por el país. 

Después del 53, cuando se entregan las guerrillas liberales y viene el Frente Nacional, otra vez lo mismo… es la historia de siempre… se turnan los gobiernos, son los liberales y los conservadores, no más… Y mientras tanto, las comunidades campesinas, aisladas y sin derechos, van fortaleciéndose a sí mismas, solas, autónomamente (no porque el Estado les de autonomía sino porque las excluyó), se organizan en consejos comunitarios, en resguardos indígenas, en organizaciones campesinas, pero vuelve nuevamente el Estado a aprovecharse de su vulnerabilidad como sociedad civil, reprimiéndolos fuertemente. Por algo, somos uno de los países más desiguales del mundo; por algo la tierra, la riqueza y la fuente de producción sigue concentrada en pocas manos y cuando hay algo que quiera equilibrar esas fuerzas, lo eliminan del camino simplemente. Ahí es cuando lxs líderxs sociales entran a jugar un papel importante, ellxs en sus comunidades constantemente reclaman o acompañan los mismos procesos que ellxs viven, para cuidar la naturaleza, un río, una quebrada, o para acceder a algún derecho en comunicación, en salud, en trabajo o en el mismo acceso a la tierra. Y por esto son asesinados.

Lxs líderxs que reclaman tierras, de ellxs mismos, o de otrxs campesinxs, son lxs más asesinadxs en Colombia. Desafortunadamente eso no va a cambiar, esto hay que decirlo con tristeza; porque la tierra da mucho poder y en Colombia la concentración de la tierra es altísima, entonces campesinxs, indígenas, afrodescendientes que exijan derechos a la tierra, son objeto de atentado y asesinato; eso no va a cambiar, porque la tierra da riqueza, es poder económico que se traduce en poder político, en manejar las fuerzas armadas, y quienes se atreven a cambiar eso, van a ser expulsadxs de sus regiones. 

Marcha del 26 de Julio, en protesta por el asesinato sistemático a Líderxs sociales, defensorxs de DDHH y excombatientes. Bogotá, 2019.

¿Cómo romper el círculo vicioso ante tantos intereses de gente muy poderosa?


Sobre la autora

Jimena Andrade (Bogotá, 1971) vive y trabaja en Bogotá y Guasca. 

Con su práctica artística aborda críticamente problemáticas del campo artístico y social. Desde 2006 edita y gestiona los contenidos de la plataforma www.interferencia-co.net. Desde allí se arrojan dispositivos abiertos formalizados en videos, traducciones, estrategias de red, proyectos de recuperación de memoria y autogestión, cuya circulación, producción y contingencia, opera en escenarios de pedagogías disidentes, articuladas con agentes del campo del arte, contextos comunitarios y movimientos sociales. Desde diferentes organizaciones apoya con acciones que buscan contribuir con la implementación del acuerdo de paz. 

Es Docente universitaria y educadora popular, desde 2017 es voluntaria de la Corporación Claretiana Norman Pérez Bello donde colabora con prácticas artísticas en la defensa de DDHH y salvaguarda de memoria de las víctimas.

Desde 2014 es miembro de la RedCSur, actualmente co-organiza la campaña gráfica frente a la situación de líderes sociales en Colombia y los ciclos de círculos de la palabra que de allí se desprenden.

Notas

  • [1] Entrevista realizada el 18 de junio de 2019. Jaime Absalón León Sepúlveda es educador popular, defensor de DDHH, trabaja en la dirección general de la CCNPB (Corporación Claretiana Norman Pérez Bello), también es docente de la Universidad Claretiana en el área de DDHH e historia de la violencia en Colombia, acompaña comunidades campesinas, indígenas y a líderxs sociales de diferentes partes del país, en la Orinoquía especialmente.
  • [2] ¿Cómo se puede definir el concepto de líder social? La condición de liderazgo social se fundamenta en dos pilares: la actividad concreta que esta persona desempeña y el reconocimiento que de esta actividad hace la comunidad en la que se encuentra inserta. De este modo, un líder o lideresa social es una persona que cuenta con reconocimiento de su comunidad por conducir, coordinar o apoyar procesos o actividades de carácter colectivo que afectan positivamente la vida de su comunidad, mejoran y dignifican sus condiciones de vida o construyen tejido social. Son personas cuya actividad se encamina hacia la construcción de una sociedad más justa y equitativa orientada a la garantía de una vida digna para sus miembros. Son personas cuya actividad se encamina hacia la construcción de una sociedad más justa y equitativa orientada a la garantía de una vida digna para sus miembros. ¿Cuales son los patrones? Asesinatos de líderes sociales en el post acuerdo, p. 8, ver aquí.
  • [3] Íbid.
  • [4] Diálogos CINEP-PPP. Asesinato de líderes, una verdad oculta, ver video.
  • [5] En 1984 en el gobierno de Belisario Betancur abre un proceso de paz con las FARC-EP en la Uribe, Meta. De allí surge la Unión Patriótica – UP, un movimiento político nacional amplio, que incluía las guerrillas del las FARC, para consolidar una apuesta política nueva, diferenciándose de las fuerzas políticas tradicionales, defendiendo principalmente los acuerdos de paz a los que venían dando de forma intermitente. La UP pretendía convertirse en la fuerza política que materializaría la apertura democrática en un país cuya estrechez política no permitía otro visión sobre el manejo del Estado. A la UP se unió no solo el Partido Comunista Colombiano y las FARC-EP, también lo hicieron líderes que trabajaban en luchas por la vivienda, la Coordinadora Obrera Campesina Popular, fuerzas conservadoras y liberales disidentes, figuras políticas locales con respaldo popular.  Desde marzo de 1985 la Unión Patriótica se preparaba actos de lanzamiento del movimiento en todo el país, alcanzando 300 mil votos, 19 diputados y 286 concejales y una bancada de parlamentarios, un hecho histórico que se le arrebaten a la tradición política curules locales por el nuevo partido de izquierda. Apenas iniciando la UP, los enemigos de la paz institucionalizan el genocidio que registra mas de 3.500 militantes muertos de esta fuerza política. Tras el asesinato sistemático a dirigentes de las FARC que fueron electos por voto popular para cargos públicos, se rompe la negociación y a finales de 1987 la guerrilla se devuelve al movimiento insurgente, y la UP sigue sin estos dirigentes guerrilleros, pero continúan los asesinatos, atentados, desapariciones sistemáticas a militantes de este partido, ocasionando su exterminio, en la absoluta impunidad y sin ninguna manifestación del Estado, dejando a la población en un pánico colectivo, lo cual reafirmaba que en Colombia no existen las condiciones para luchar por la vía legal por las demandas de transformación que el país necesita. Fuentes: Unión Patriótica, quienes somos aquí, Documental El Baile Rojo aquí.
  • [6] NdE: La serie de disturbios ocurridos en Bogotá tras el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán se conoce como El Bogotazo. Las manifestaciones se expandieron a otras ciudades y regiones de Colombia, dando inicio a la período comúnmente conocido como “La Violencia” que se prolongó formalmente hasta 1959 aunque sus efectos se dejaron sentir más allá a lo largo del conflicto armado entre el Ejército, grupos paramilitares y guerrilleros.